Waldo Bareño
Psicólogo | Psicoanalista
Coord. ECOP
Es impresionante pensar que eso que consideramos tan firme y sólido resulta que no lo es tanto. Es más, no lo es: se mueve de una forma tan lenta que es imperceptible por el ojo humano. De hecho, vivimos sobre plataformas inmensas que flotan —si se pudiera llamar asi— y cada tanto chocan.
Esas son las placas tectónicas, las responsables de que recientemente hayamos sufrido no uno, sino dos sismos. Uno de magnitud 7,2 y otro de 7,5. Algo pocas veces visto en la historia.
Digo todo esto porque es mucho lo que nos ha tocado aprender estos días sobre arquitectura, ingeniería, geología, etc. El comportamiento de los suelos y las construcciones, al menos a mí, me hace pensar en ciertos aspectos de la vida subjetiva. Piénsenlo, no es difícil imaginarlo.
No son pocas las ocasiones en que algunos nos hemos visto en la situación de sorprendernos de que aquello que considerábamos sólido, inamovible, resultó ser muy endeble. Un amor, un lazo, un trabajo, un lugar en relación con otros: eso que parecía firme, un día tambaleó de una forma en que la sorpresa amenazó con caernos encima.
Los analizantes conocemos esta idea de lo traumático porque nos hemos encontrado en nuestro análisis con esas pequeñas pistas que fundan nuestros síntomas. Es así que conocemos el valor significante de las "estructuras", las "perdidas", los "colapsos" y las "muertes".
Y con esto no intento minimizar o desvirtuar la magnitud incalculable de la tragedia que aún estamos atravesando, solo hablo de las resonancias que me deja está experiencia. Porque este terremoto se ha impuesto como un real tan abrasador, que se hace complejo darle un adjetivo calificativo suficientemente catastrófico.
De cualquier forma, aún es pronto para sacar conclusiones y quedan días por venir. Falta tiempo para poder dimensionar las consecuencia que esto dejará en cada uno, pero no hay que dejar de estar atentos a los pequeños efectos
* Resonancias del sismo es un espacio digital que se abrió con la finalidad de tramitar, por medio de la palabra escrita, la experiencia del doble terremoto con magnitud 7,2 y 7,5 ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026.

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